NOTICE

All files on this site have been moved to http://www.wikilivres.ca. All future contributions to Wikilivres should be made there.

This site will be closed on June 6th, 2012.

Desolación

Free texts and images.

Jump to: navigation, search
Desolación
written by Gabriela Mistral
Libro: «Desolación», 1922.



El pensador de Rodin


Con el mentón caído sobre la mano ruda,
el Pensador se acuerda que es carne de la huesa,
carne fatal, delante del destino desnuda,
carne que odia la muerte, y tembló de belleza.

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,
y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.
El "de morir tenemos" pasa sobre su frente,
en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

Y en la angustia, sus músculos se henden, sufridores.
Cada surco en la carne se llana de terrores.
Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

que le llama en los bronces... Y no hay árbol torcido
de sol en la llanura, ni león de flanco herido,
crispados como este hombre que medita en la muerte.





La cruz de Bistolfi


Cruz que ninguno mira y que todos sentimos,
la invisible y la cierta como una ancha montaña:
dormimos sobre ti y sobre ti vivimos;
tus dos brazos nos mecen y tu sombra nos baña.

El amor nos fingió un lecho, pero era
sólo tu garfio vivo y tu leño desnudo.
Creímos que corríamos libres por las praderas
y nunca descendimos de tu apretado nudo.

De toda sangre humana fresco está tu madero,
y sobe ti yo aspiro las llagas de mi padre,
y en el clavo de ensueño que lo llagó, me muero.

¡ Mentira que hemos visto las noches y los días !
estuvimos prendidos, como el hijo a la madre,
a ti, del primer llanto a la última agonía!





Al oido de Cristo


I

Cristo, el de las carnes en gajos abiertas;
cristo, el de las venas vaciadas en ríos:
estas pobres gentes del siglo están muertas
de una laxitud, de un miedo, de un frío!

A la cabecera de sus lechos eres,
si te tienen, forma demasiado cruenta,
sin esas blanduras que aman las mujeres
y con esas marcas de vida violenta.

No te escupirían por creerte loco,
no fueran capaces de amarte tampoco
así, con sus ímpetus laxos y marchitos.

Porque como Lázaro ya hieden, ya hieden,
por no disgregarse, mejor no se mueven.
¡No el amor n i el odio les arrancan gritos!

II

Aman la elegancia de gestos y color,
y en la crispadura tuya del maderero,
en tu sudar sangre, tu último temblor
y en resplandor cárdeno del Calvario entero,

Les parece que hay exageración
y plebeyo gusto; el que Tú lloraras
y tuvieras sed y tribulación,
no cuaja en sus ojos dos lágrimas claras.

Tienen ojo opaco de infecunda yesca,
sin virtud de llanto, que limpia y refresca;
tienen una boca de suelto botón

Mojada en lascivia, ni firme ni roja
¡y como de fines de otoño, así floja
e impura, la poma de su corazón!

III

¡Oh Cristo! Un dolor les vuelva a hacer viva
alma que les diste y que se ha dormido,
que se la devuelva honda y sensitiva.
Casa de amargura, pasión y alarido.

¡Garfios, hierros zarpas, que sus carnes hiendan
tal como se hienden quemadas gavilla;
llamas que a su gajo caduco se prendan,
llamas de suplicio: argollas, cuchillas!

¡Llanto, llanto de calientes raudales
renueve los ojos de turbios cristales
y les vuelva el viejo fuego del mirar!

¡Retóñalos desde las entrañas, Cristo!
si ya es imposible, si tú bien lo has visto,
si son paja de eras...¡desciende a aventar!





Al pueblo Hebreo


Raza judía, carne de dolores,
raza judía, río de amargura:
como los cielos y la tierra, dura
y crece aún, tu selva de clamores.

nunca han dejado orearse tus heridas;
nunca han dejado que a sombrear te tiendas,
para estrujar y renovar tu venda,
más que ninguna rosa enrojecida.

con tus gemidos se ha arrullado el mundo,
y juega con las hebras de tu llanto.
los surcos de tu rostro, que amo tanto,
son cual llegas de sierra de profundos.

Temblando mecen su hijo las mujeres,
temblando siega el hombre su gavilla.
en tu soñar se hincó la pesadilla
y tu palabra es sólo el "¡miserere!".

Raza judía, y aún te resta pecho
y voz de miel, para alabar tus lares,
y decir el " Cantar de los Cantares"
Con lengua, y labio, y corazón deshechos.

en tu mujer camina aún María.
sobre tu rostro va el perfil de Cristo;
por las laderas de Sión le han visto
llamarte en vano, cuando muere el día...

Que tu dolor en Dimas le miraba
y el dijo a Dimas la palabra inmensa,
y para ungir sus pies busca la trenza
de Magdalena ¡y la halla ensangrentada!

¡Raza judía, carne de dolores,
raza judía, río de amargura:
como los cielos y la tierra, dura
y crece tu ancha selva de clamores!





Viernes Santo


El sol de abril aún es ardiente y bueno
y el surco, de la espera, resplandece;
pero hoy no llenes la ansia de su seno,
por que Jesus padece.

No remuevas la tierra. Deja, mansa,
la mano en el ardo; echas las mieses
cuando ya nos devuelvan la esperanza,
que aún Jesús padece.

Ya sudó sangre bajo los olivos,
y oyó al que amaba, que negó tres veces.
Mas, rebelde de amor, tiene aún latidos,
¡Aún padece!

Por tú, labrador, siembras odiando,
y yo tengo rencor cuando anochece,
y un niño va como un hombre llorando,
jesús padece.

Está sobre el madero todavía
y sed tremenda el labio le estremece.
¡Odio mi pan, mi estrofa y mi alegría,
porque Jesús padece!





Ruth

 
 

I

Ruth moabita a espigar va a las eras,
aunque no tiene ni un campo mezquino.
piensa que es Dios dueño de las praderas
y que ellas espiga en un predio divino.

El sol caldeó su espalda acuchilla,
baña terrible su dorso inclinado;
arde de fiebre su leve mejilla,
y la fatiga le rinde el costado.

Booz se ha sentado en la parva abundosa.
el trigal es una onda infinita,
desde la sierra hasta donde él reposa,

Que la abundancia ha cegado el camino....
y en la onda de oro la Ruth moabita
viene, espigando, a encontrar su destino!

II

Booz miró a Ruth, y a los recolectores
dijo: "Dejad que recoja confiada ..."
y sonrieron los espigadores,
viendo del viejo la absorta mirada...

Eran sus barbas dos sendas de flores,
su ojo dulzura, reposo el semblante;
su voz pasaba de alcor en alcores,
pero podía dormir a un infante...

Ruth lo miró de la planta a la frente,
y fue sus ojos saciados bajando,
como el que bebe en inmensa corriente...

Al regresar a la aldea, los mozos
que ella encontró la miraron temblando.
Pero en su sueño Booz fue su esposo...

III

Y aquella noche el patriarca en la era
viviendo los astros que laten de anhelo,
recordó aquello que a Abraham prometiera
jehová: más hijos que estrellas dio al cielo.

Y suspiró por su lecho baldío,
rezó llorando, e hizo sitio en la almohada
para la que, como baja el rocío,
hacia él vendría en la noche callada.

Ruth vio en los astros los ojos con llanto
de Booz llamándola, y estremecida,
dejó su lecho, y se fue por el campo...

Dormía el justo, hecho paz y belleza.
Ruth, más callada que espiga vencida,
Puso en el pecho de Booz su cabeza.





La mujer fuerte


Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días,
Mujer de saya azul y de tostada frente,
Que en mi niñez y sobre mi tierra de ambrosía
Vi abrir el surco negro en un abril ardiente.

Alzaba en la taberna, honda la copa impura
El que te apegó un hijo al pecho de azucena,
Y bajo ese recuerdo, que te era quemadura,
Caía la simiente de tu mano, serena.

Segar te vi en enero los trigos de tu hijo,
Y sin comprender tuve en ti los ojos fijos,
Agrandados al para de maravilla y llanto.

Y el lodo de tus pies todavía besara,
Porque entre cien mundanas no he encontrado tu cara
¡y aún te sigo en los surcos la sombra con mi canto!





La mujer esteril


La mujer que no mece un hijo en el regazo,
(cuyo calor y aroma alcance a sus entrañas),
tiene una laxitud de mundo entre los brazos;
todo su corazón congoja inmensa baña.

El lirio le recuerda unas sienes de infante;
El Angelus le pide otra boca con ruego;
E interroga la fuente de seno de diamante
Por qué su labio quiebra el cristal en sosiego.

Y al contemplar sus ojos se acuerda de la azada;
Piensa que en los de un hijo no mirará extasiada,
Al vaciarse sus ojos, los follajes de octubre.

Con doble temblor oye el viento en los cipreses.
¡Y una mendiga grávida, cuyo seno florece
cual la parva de enero, de vergüenza la cubre!






Paisajes de la Patagonia


Desolación


La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.


El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.


¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!


Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que son míos;
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos,
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.


Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.


Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la "noche larga" ahora tan solo empieza.


Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que vine para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡siempre será su altura bajando de los cielos!


Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.





Balada


El pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

El va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una cancion.
¡Y el va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!

El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)
¡Y el irá con otra
por la eternidad!





Volverlo a Ver

¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradas
vírgenes, ni en las tardes inmoladas?

¿Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?

¿Bajo las trenzaduras de la selva,
donde llamándolo me ha anochecido,
ni en la gruta que vuelve mi alarido?

¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!

¡Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!





Vergüenza


 

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje el río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano...

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana, al descender al río,
la que besaste llevará hermosura!





Nocturno


 

¡Padre nuestro, que estás en los cielos!
¿Por qué te has olvidado de mí?
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!

Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aún no quieres mi pecho oprimir!

Caminando, vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí.
y he bajado amarillos mis párpados
por no ver más enero ni abril.

Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has querido la nube de otoño
y quieres volverte hacia mí!

Me vendió el que besó mi mejilla,
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di.
Y en mi noche del Huerto me han sido
Juan cobarde y el Angel hostil.

Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin;
el cansancio del día que muere,
y del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!

Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas, pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de tí:
¡Padre nuestro, que estás en los cielos!
¿Por qué te has olvidado de mí?





Interrogaciones


 

Como quedan, Senor, durmiendo los suicidas?
Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas,
hacia una ancla invisible las manos orientadas?

O, Tu llegas despues que los hombres se han ido,
y les bajas el parpado sobre el ojo cegado,
acomodas las visceras sin dolor y sin ruido
y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?


El rosal que los vivos riegan sobre su huesa,
no le pintan a sus rosas unas formas de heridas?
No tiene acre el olor, siniestra a la belleza
y las frondas menguadas de serpientes tejidas?


Y responde, Senor: Cuando se fuga el alma,
por la mojada puerta de las largas heridas,
entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma
o se oye un crepitar de alas enloquecidas?


Angosto cerco, livido se aprieta en torno suyo?
El eter es un campo de monstruos florecido?
En el pavor no aciertan ne con el nombre tuyo?
O lo gritan, y sigue tu corazon dormido?


No hay un rayo de sol que los alcance un dia?
No hay aguas que los lave de sus estigmas rojos?
Para ellos solament queda tu entrano fria,
sordo tu oido fino y apretados tus ojos?


Tal es hombre asegura, por error o malicia;
mas yo, que te he gustado, como un vino, Senor,
mientras los otros siguen llamandote Justicia,
no te llamare nunca otra cosa que, Amor!


Yo se que como el hombre fue siempre zarpa dura;
la catarata, vertigo, aspereza, la sierra.
Tu eres el vaso donde se esponjan de dulzura
los nectarios de todos los muertos de la tierra!






  

El ruego


  
Señor, tu sabes como, con encendido brio,
por los seres extranos mi palabra te invoca,
vengo ahora a pedirte por uno que era mio,
mi vaso de frescura, el panal de mi boca,

Cal de mis huesos, dulce razon de la jornada,
gorjeo de mi oido, cenidor de mi veste.
Me cuido hasta de aquellos
en que no puse nada.
No tengas ojo torvo si te pido por este!


Te digo que era bueno, te digo que tenia
el corazon entero a flor de pecho, que era
suave de indole, franco como la luz del dia
henchido de milagro como la primavera.


Me replicas severo, que es de plegaria indigno
el que no unto de preces
sus dos labios febriles,
y se fue aquella tarde sin esperar su signo,
trizandose las sienes como vasos sutiles.


Pero yo, Senor, te arguyo que he tocado,
de la misma manera que el nardo de su frente,
todo su corazon dulce y atormentado
y tenia la seda del capullo naciente!


Que fue cruel? Olvidas, Senor, que le queria,
y el sabia suya la entrana que llagaba.
Que enturbio para siempre
mis linfas de alegria?
No importa!!! Tu comprendes:
Yo le amaba, le amaba!!


Y amar (bien sabes de eso)
es amargo ejercicio;
un mantener los parpados de lagrimas mojados.
un refrescar de besos las trenzas del cilicio
conservando, bajos los ojos extasiados.


El hierro que taladra tiene un gustoso frio
cuando abre, cual gavillas las carnes amorosas.
Y la cruz
(Tu, te acuerdas! Oh Rey de los Judios!)
se lleva con blandura, como un gajo de rosas.


Aque me estoy, Senor, con la cara caida
lamiendo, lebrel timido,
los bordes de tu manto,
y ni pueden huirme tus ojos amorodos
ne esquivar tu pie
el riego caliente de mi llanto.


Di el perdon, dilo al fin!
Va esparcir en el viento
la palabra, el perfume de cien pomos de olores
al vaciarse; toda el agua sera deslumbramiento;
el yermo echara flor y el guijarro esplendores.


Se mojaran los ojos obscuros de las fieras,
y, comprendiendo,
el monte que de piedra forjaste
llorara por los parapados blancos
de sus neveras:
toda la tierra tuya sabra que perdonaste!

1922

SemiPD-icon.svg This work is in the public domain in countries where the copyright term is the author's life plus 50 years or less, but may still be copyrighted in the USA and some countries in Europe. It is the responsibility of the user to determine whether the works are in the public domain in his or her respective country.
  ▲ top
Personal tools